domingo, 28 de febrero de 2010

Terremoto de Chile y destino

Esta mañana, al entrar en el quiosco librería donde suelo comprar el periódico, había una chica de unos treintaytantos años acercándose al mostrador, donde había un periódico abierto, y alejándose de él. Como quien pasea mientras espera. Emilio, el amable quiosquero peruano con el que mantengo largas (o breves, según el trabajo que haya) conversaciones sobre historia, política o lo que se tercie, me ha preguntado si sabía dónde estaba la calle Casp. Le he contestado, ha mirado en la guía, me ha comentado que allí se encontraba el Consulado de Chile y la chica se ha acercado a nosotros. Me ha mirado y   ha dicho con voz leve: «Es que soy chilena. Llegué ayer. Y hoy veo esto -señalando el periódico- que sucedió mientras yo volaba hacia aquí. No sé nada de mi familia».
Sus ojos mostraban la inexpresividad que causan la perplejidad, el anonadamiento y el dolor intensos.  Sin duda en su subconsciente flotaba la idea: "Si yo no hubiera estado en ese avión...".
No puedo quitarme esa escena de la cabeza. Aquellos ojos. Aquella aparente serenidad. Aquella angustia contenida que rezumaba de todo su cuerpo. Todavía se me pone la piel de gallina al recordarla.

1 comentario:

Juan Carlos Araya A. dijo...

CHILE, CUANTO DOLOR Y CUANTO AMOR HAS DESPERTADO EN EL MUNDO